
A medida que el año llega a su cierre y comenzamos a entrar en ese espíritu navideño en el que el trabajo se desacelera y la reflexión toma protagonismo, me encuentro mirando hacia atrás y reconociendo un recorrido inesperado y profundamente gratificante: ayudar a llevar el pickleball a Colombia.
Lo que comenzó como una serie de conversaciones, cenas y “¿qué pasaría si…?” se ha convertido en una comunidad real, en un movimiento tangible y, para muchos de nosotros, en un propósito. Junto a gopickleball© y a sus fundadores tempranos, Marcela Vargas y Alejandro Santacoloma, he tenido el privilegio de trabajar en la introducción, crecimiento y consolidación de un deporte que parece hecho a la medida de un país como Colombia.
Uno de los hitos más significativos de este camino fue la realización de nuestras primeras clínicas de pickleball en Bogotá y Medellín junto al jugador profesional Pablo Téllez, quien hoy también es socio de gopickleball. La semilla de esas clínicas se sembró meses antes, durante una cena con Pablo en Washington DC, el 15 de junio de 2024, justo después de una parada del Major League Pickleball.
Esa noche fue, de hecho, la primera vez que conocí a Pablo en persona. Él acababa de ser seleccionado en el draft de los Texas Ranchers, un equipo al que asesoré durante más de un año en todo lo relacionado con estrategia de marketing y patrocinios, y del cual aún conservo participación accionaria. Durante la cena hablamos menos de rankings y contratos, y mucho más de impacto. De lo importante que sería llevar el pickleball a Colombia.
Volvíamos una y otra vez a la misma idea: el pickleball es radicalmente inclusivo. Es fácil de aprender, tiene un costo de entrada accesible y puede ser practicado, literalmente, por casi cualquier persona. En un mundo lleno de deportes emergentes que suelen tener barreras altas de acceso, el pickleball se destaca por su sencillez y apertura.
También hablábamos de los desafíos. Colombia es un país donde el pádel ha echado raíces profundas, introducido en gran medida como una práctica de élite, glamorosa y asociada a la moda, en ocasiones promovida más como un estilo de vida que como una actividad física. Introducir otro deporte de raqueta en ese contexto nunca iba a ser sencillo.
Pero el pickleball tiene algo muy poderoso a su favor. Desde el punto de vista de la infraestructura, es un deporte increíblemente adaptable. Permite revitalizar escenarios deportivos subutilizados o incorporarse con facilidad a canchas multideportivas donde ya se practica baloncesto, fútbol de salón o voleibol. Prácticamente cualquier escenario deportivo en parques públicos y colegios a lo largo del país puede convertirse en una cancha de pickleball.
A medida que las conversaciones avanzaron y más adelante nos reunimos con el equipo fundador de gopickleball© en Latinoamérica, la visión se amplió aún más. Hablamos de los adultos mayores encontrando una oportunidad para mantenerse activos física y mentalmente. De los niños desarrollando nuevas habilidades motrices. De personas con discapacidad o en silla de ruedas, para quienes el pickleball también ofrece una valiosa posibilidad de juego híbrido. Hablamos de un deporte que nació siendo mixto, ofreciendo las mismas condiciones para hombres y mujeres, promoviendo desde sus orígenes el formato de dobles mixtos y que, al volverse competitivo, ha mantenido bolsas de premios iguales sin necesidad de modificar reglas, dimensiones de la cancha o equipamiento.
Son muy pocos los deportes, especialmente de raqueta, en los que hombres y mujeres compiten bajo exactamente las mismas condiciones. El pickleball es inclusivo por diseño. Realmente apto para todos. Y profundamente social. Es uno de esos juegos fáciles de aprender y difíciles de dominar, lo que lo vuelve, además, tremendamente adictivo.
Con todo esto en mente, en noviembre de 2024 decidimos junto a Alejandro y Marcela emprender en este espacio y nadar, en cierta forma, contra la corriente del pádel, con la convicción de que el pickleball encontraría su lugar y su comunidad en Colombia.
Poco más de un año después, resulta muy gratificante ver cómo esa comunidad se fortalece y comienza a echar raíces en todo el territorio nacional. En un viaje reciente a Colombia junto a Pablo, fue muy alentador comprobar que prácticamente todas las grandes ciudades del país cuentan hoy con una comunidad activa de pickleros. Ha surgido una asociación que realiza un trabajo impecable promoviendo esta actividad en todos los círculos sociales, y clubes privados, como el nuestro, comienzan a aparecer en otros rincones del país, desarrollando competencia en el negocio y acelerando el crecimiento del deporte.
El pickleball no compite con otros deportes de raqueta en Latinoamérica. Los complementa. Abre una puerta para quienes aún no han encontrado su deporte o para quienes ya no se encuentran en la condición física o en la edad adecuada para practicar disciplinas más exigentes. Yo mismo soy un ejemplo de ello. Desde hace más de un año he postergado un reemplazo total de cadera debido a una artrosis prematura, y aun así me mantengo activo gracias al pickleball, simplemente porque no exige correr tanto como el tenis o el pádel.
Resulta curioso si se piensa bien. Tanto el pádel como el pickleball surgieron prácticamente al mismo tiempo, a finales de los años sesenta. El pádel se promovió rápidamente a nivel internacional como una alternativa dinámica y muy entretenida para tenistas, jugadores de squash y deportes de raqueta, y se convirtió en un boom en países como España, Suecia, Francia, México, Argentina y más recientemente Colombia. El pickleball, en cambio, permaneció durante décadas como un secreto dentro de la comunidad de jubilados que lo creó en el estado de Washington.
Durante años fue visto como un deporte “para viejos”, una percepción que incluso fue objeto de burla en un comercial de Morgan Stanley durante el Super Bowl LVIII. Todo cambió con la pandemia, cuando muchos comenzaron a notar que mientras el mundo estaba encerrado, esas personas mayores salían a las calles a socializar y a hacer deporte jugando algo que parecía un tenis pequeño o un ping-pong gigante.
Hoy, el pickleball es el deporte de mayor crecimiento en Estados Unidos durante los últimos tres años, y se estima que es practicado por más personas que el baloncesto, el fútbol americano o el béisbol. Esa ola de crecimiento ha llegado también a Oceanía, Asia y Europa, restándole protagonismo incluso al pádel en países como España y Francia. Brasil ofrece un caso de éxito particularmente impresionante, con más de 200 clubes de pickleball construidos en menos de dos años.
En Colombia, esta travesía apenas comienza. Los pasos son lentos, a veces muy lentos, pero siempre en la dirección correcta. La comunidad crece, trabaja en equipo, la única forma real en que un deporte puede desarrollarse, se organiza a nivel institucional y comienza a visualizarse como una alternativa de negocio y un motor para la economía. El pickleball puede ser una herramienta de construcción de oportunidades en muchos sentidos.
Me enorgullece decir que hoy, junto a un grupo increíble de personas que se han sumado a esta aventura (Marcela Vargas, Alejandro Santacoloma, Elisa Villegas, Catalina Villegas, Ana Katalina Torres, Mariana Pajón, Vincent Poullard, Miguel Pajón, Pablo Téllez y Juan Pablo Fonseca), estamos aportando, desde el deporte, a la construcción de un mejor país.
En lo personal, el pickleball me cambió la vida. Se convirtió en un espacio de escape mental y físico después de la pérdida de mi hermano. Me abrió puertas a oportunidades laborales increíbles junto a los Texas Ranchers. Me dio la tarima para emprender junto a la familia de gopickleball y Zcebra. Y, sobre todo, me conecta a diario con personas mágicas e inspiradoras a las que jamás habría conocido de no ser por este deporte que, a veces, parece un chiste.
Eso sí, es un chiste que está haciendo reír a todo el mundo al mismo tiempo.
Gracias a todos los que hacen parte de esta aventura y bienvenidos a todos aquellos que quieran sumarse al crecimiento del pickleball en América Latina.